El ferry me deja en la ciudad de Picton, en la isla sur. Picton es una pequeña localidad con una bonita bahía, y es lo único que tiene, pero lo conservan muy bien. Me alojo en Towbstone backpackers, uno de los mejores hostales donde he estado hasta ahora, aunque por lo que he oído, en Picton todos los hostales son mas que decentes. El alojamiento incluye incluye toalla de baño y desayuno, además el hostal está en perfectas condiciones. El único inconveniente es que está un poco alejado del centro, es decir, tengo que caminar 10min, y en frente esta el cementerio, pero incluso el cementerio resulta un lugar agradable por donde pasear. En Picton voy a estar una noche y después haré el Queen Charlotte track, en Marlborough Sounds.
Queen Charlotte track es un sendero que pasa a través de una cordillera rodeada a ambos lados por el océano, lo que aquí conocen como los Sounds, es decir, canales de océano entre dos masas de tierra. El sendero tiene una longitud de 70km y puede recorrerse entre 3 y 5 días. Hay varias compañías que te transportan en barco al inicio del camino y luego van dejando tu equipaje en cada punto en el que vas a pernoctar, por lo que solo tienes que cargar con lo justo para pasar el día.
La vegetación aquí es muy parecida a la zona de Coromandel donde estuve haciendo wwoofing, osea, la jungla, miles y miles de arboles Ponga. El Ponga es un árbol semejante a una palmera, sus ramas están enrolladas al principio y poco a poco se van desenrollando y se va formando la rama. De vez en cuando veo pequeñas playas aisladas y desiertas. Sigo caminando solo, no hay nadie delante mio y tampoco me sigue nadie.
A la mañana siguiente, tras un desayuno fuerte me despido de Noeline, me da dos besos, eso lo aprendió en España. Rafael y yo seguimos nuestro camino, juntos al principio pero al cabo de un rato nos separamos, creo que ambos queremos disfrutar del camino en solitario. Toca ascensión, debemos subir a 400m, pero una vez arriba las vistas lo merecen. En este tramo hay algo mas de tráfico, conozco a una pareja de holandeses en bicicleta, ¿que raro verdad?. Es el segundo día caminando y se nota, las plantas de los pies empiezan a doler. Mas adelante me encuentro una grupo de australianos de avanzada edad, están haciendo un pausa y comiendo algo, me ofrecen chocolate y acepto encantado, me quedo charlando un rato con ellos.
Llegamos a Punga Cove antes de lo esperado. Nuestro alojamiento aquí tiene vistas a una pequeña bahía. Los propietarios son una familia que viven en la planta superior de la casa, la planta inferior la han habilitado para clientes. Esta en buenas condiciones y tiene buenas vistas, pero aún y así es algo caro. Rafael y yo somos los únicos invitados hasta que llega una pareja, el de Alemania ella portuguesa.
En el tercer y último día el terreno es llano, por lo que cubrimos la distancia con relativa facilidad. Me tomo un café al llegar porque me lo merezco y porque yo lo valgo. Tras el café, Rafael y yo nos tumbamos en el césped a descansar mientras esperamos que el barco nos venga a recoger y nos lleve de vuelta a Picton.
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